¿El signo subyacente o la fascinación por lo que nos falta?
Hay una operación que casi todos hemos realizado, con mayor o menor entusiasmo, en algún momento de nuestra práctica: nos sentamos frente a la carta natal, distribuimos los planetas según los cuatro elementos y las tres modalidades, hacemos la cuenta, y esperamos que de esa sumatoria emerja, como por arte de una revelación matemática, el famoso signo subyacente que supuestamente vendría a completar el retrato del consultante.


