Cuando un planeta escapa de su órbita natural
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Escribe: Néstor Echarte

Cada planeta da vueltas alrededor del Sol por su propio camino, y entre dos caminos vecinos queda una especie de franja. Saturno tiene la suya, Urano la suya, y la gran mayoría de los cuerpos del sistema solar vive siempre en la misma franja, sin salirse nunca. Pero hay algunos que tienen órbitas tan alargadas que, en una parte de su vuelta, se meten en el terreno de un vecino.
El caso más conocido es el de Quirón. Su lugar natural está entre las órbitas de Saturno y Urano, pero aproximadamente cada 50 años, cuando pasa por su punto más cercano al Sol, cruza la órbita de Saturno y se queda unos siete años del lado de adentro, entre Júpiter y Saturno. Pasó entre 1943 y 1949, volvió a pasar entre 1992 y 2000, y va a repetirse entre 2042 y 2050. En el otro extremo de su vuelta se arrima mucho a Urano, pero nunca llega a cruzar su órbita.
El otro caso es el de Plutón, que vive más allá de Neptuno. Entre 1979 y 1999 estuvo más cerca del Sol que el propio Neptuno. No volverá a pasar hasta el siglo XXIII.
Conviene aclarar dos cosas. La primera es que las órbitas no se tocan: están algo inclinadas unas respecto de las otras, así que «cruzar» no quiere decir chocar ni pasar por el mismo punto, sino quedar más cerca o más lejos del Sol que el otro planeta. La segunda es que estas son fechas fijas del cielo, iguales para todo el mundo. No dependen de ninguna carta ni de dónde se mire; son un hecho astronómico, y lo que se discute es qué significa.
También hay dos maneras de ponerle fecha al mismo paso. Se puede comparar al cuerpo con el camino fijo de la órbita del planeta, o con el planeta mismo, esté donde esté ese día. Los autores que se ocuparon del tema usan la segunda, y por eso sus fechas pueden correrse unos meses respecto de un cálculo hecho con la primera.
Qué dicen los autores
No hay nada de esto en la tradición clásica. Quirón se descubrió en 1977 y lo que se escribió viene de ahí para acá. Uno de los que dejó registradas las fechas es Zane Stein, pionero en el estudio de Quirón. Anotó, por ejemplo, que el centauro cruzó hacia adentro de la órbita de Saturno el 7 de marzo de 1943 y salió el 13 de junio de 1948. Su observación más interesante tiene que ver con la velocidad: como el cuerpo se acerca al Sol, se mueve mucho más rápido. Quirón puede quedarse unos ocho años en Aries y atravesar Libra en menos de un año y medio. Stein relaciona esa aceleración con épocas en que los hechos del mundo se precipitan. Más allá de eso, no le asigna al cruce un significado propio.
Melanie Reinhart es probablemente quien más pensó el asunto. Para ella, el hecho de cruzar las órbitas de otros planetas es justamente lo que define a los centauros, y lo que les da su función: son mediadores, cuerpos que ayudan a integrar la energía de los planetas exteriores, que de otra manera sería demasiado fuerte para la vida cotidiana. Sobre el paso de 1992 a 1999, describe cómo Quirón entró por la órbita de Saturno a la altura de Leo y salió cerca de cero grado de Sagitario, y lo compara con amasar pan o trabajar la tierra: algo que se va haciendo de a poco, vuelta tras vuelta. Como Saturno representa las estructuras, la tradición, lo establecido y también nuestras defensas psicológicas, ese entrar y salir de Quirón sería un proceso lento de ablandar lo que está rígido. Sobre Urano, aclara que Quirón llega hasta sus puertas pero no lo cruza, y ve en eso su papel de puente entre lo establecido y lo que viene a darlo vuelta.
Brian Clark, en su trabajo sobre el ciclo de Quirón, dice que durante esos ocho años el centauro queda «tragado» por la órbita de Saturno, moviéndose entre Júpiter y Saturno. Lo lee como un puente entre la búsqueda de sentido y de trascendencia que representa Júpiter y el mundo de los límites y del tiempo que representa Saturno. Del lado de Urano, relaciona los años en que Quirón anduvo cerca de esa órbita con las muchas oposiciones entre los dos que hubo entre 1952 y 1989, y las entiende como una toma de conciencia de la herida del individuo frente a una cultura dominante.
Sobre Plutón, Patricia White y sus colaboradores parten de un dato simple: mientras estuvo más cerca del Sol, Plutón se movió más rápido que Neptuno, y eso hizo que el sextil entre los dos se estirara y se repitiera durante décadas. Lo llaman el «sextil largo», un aspecto que aparece cada unos quinientos años y que asocian con épocas de renacimiento cultural, como el Renacimiento italiano. Por su parte, el sitio Astrology in the Year Zero, vinculado a Nicholas Kollerstrom, describe los años en que Plutón entró en la órbita de Neptuno como un tiempo muy tenso, marcado por el miedo a la guerra nuclear, y señala que cuando llegó a su punto más cercano al Sol, en 1989, cayó el Muro de Berlín.
Lo que queda abierto
Si se junta todo, aparecen dos ideas que se repiten. Una es la de la mediación: el cuerpo que cruza la órbita de otro se mezcla con sus temas y los lleva de un lado al otro, como Quirón con Saturno. La otra es la de la velocidad: cerca del Sol todo se mueve más rápido, los tránsitos se aceleran y los acontecimientos se precipitan.
Son propuestas y observaciones de astrólogos modernos, no reglas comprobadas, y por eso mismo el tema está abierto a la investigación. Con las fechas en la mano se puede empezar a mirar qué tienen en común las cartas de quienes nacieron con Quirón del lado de adentro de Saturno, o qué pasó en el mundo en cada uno de esos tramos. Ahí hay un trabajo por hacer.